Marzo 23, 2017

La naranja mecánica (1971)

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dinero rapido en lima

12 de enero de 2007

Día a día, expertos psicólogos trabajan codo a codo con escritores, cineastas, actores, ilustradores, diseñadores gráficos y artistas en general, con la única intención de manipular nuestro subconsciente y desbarajustar nuestros impúlsos límbicos hasta el extremo de hacernos creer cosas de lo más absurdas (como por ejemplo que Nixán limpia más blanco, o que los refrescos de cola saben bien y tienen un color bonito).
Lo llaman marketing, pero también podría llamarse brainwashing, y, simplificando un poco su elaborado método, se trata de inundar nuestros oidos y retinas (a través de los medios de comunicación y de los carteles en los espacios públicos) con imágenes y sonidos que combinan estímulos atractivos (música molona, imágenes sensuales, frases inspiradas. ) con productos inanes (refrescos, contratos de telefonía, hamburguesas. ), hasta que, sin darnos cuenta, se producen connexiones neuronales que no deberían producirse y quedamos condicionados y empezamos a babear frente a los escaparates, tal cual el perrito de Pavlov cuando oía campanitas.
Mayormente su objetivo final no es otro que rellenar los bolsillos de las grandes corporaciones haciéndonos consumir sin criterio hasta que se vaya a tomar por culo el planeta.

¿Pero qué pasaría si se intentase usar este tipo de tecnologías con fines más nobles?
¿Qué pasaría si los psicólogos dejasen de hacer el Mal e intentasen manipular nuestras mentes para convertirnos en mejores personas en lugar de en autómatas consumistas?
¿Podría manipularse el subconsciente de un psicópata hasta el punto de hacerle abominar el uso de la violencia?
¿Qué es lo peor que puede pasar si seguimos maltratando algo tan delicado como es el cerebro humano?

La Naranja de Relojería (también conocida como la Naranja del Infierno en Serbia o Naranja Mecánica en España) es una interesante novela de Anthony Burguess que explora estos temas medio en broma medio en serio, y que Stanley Kubrick adaptó al cine casi literalmente.

Y se lió la de Dios es Cristo, no por las profundas connotaciones morales del asunto, sino porque (pausa para bostezo) en la peli había imágenes de sexo y violencia, y, sobretodo en UK, surgieron como setas grupúsculos de proto-skinheads que imitaban a los zumbaos protagonistas del relato y zurraban a los indigentes por la calle.

Un gran libro y una gran peli, pero qué asco de mundo.

513 de 624 usuarios han encontrado esta crítica útil

23 de abril de 2008

Hace algún tiempo, me encontraba cenando en el salón de mi casa cuando ví una noticia en los informativos de la noche que me dejó sin aliento. Se trataba de unas imagenes captadas por la cámara de "seguridad" del metro de Madrid. En esta grabación veíamos como un varón de unos 20 años, con la cabeza rapada, agredía física y sexualmente a una mujer sudamericana. En aquellas imagenes, el agresor le propinaba patadas indicriminadamente a la pobre mujer, insultándola y abusando de ella sexualmente.
Tras ver esta grabación recordé con una clarividencia casi profética una imagen, la que para mí es la escena más brutal de la historia del cine: la imagen de Alex cortando con unas tijeras el vestido naranja de la mujer dejando sus pechos descubiertos y violándola en el suelo, mientras, sus drugos obligan al anciano a que lo vea con sus propios ojos |"Videa bien hermanito"|.

Lo más estremecedor del episodio de la casa ("Home"), es: que no es ficción, Anthony Burguess fue asaltado por unos ladrones que violaron y mataron a su esposa, por ello que sintiese la necesidad de escribir su novela. No fue un acto de indiferencia que Kubrick rodase de la manera en que lo hizo esa escena. La auténtica fuerza de realidad en esa escena radica (además de en Malcolm y su Singing in the rain) en que Kubrick se adentrá en el hogar, en el interior de nuestra cálida casa en la que pensábamos, nadie podría hacernos daño. En cambio él lo hace, rompe cualquier vínculo de seguridad (entre él y el espectador) que pudiese existir y concibe la imagen como si de un jugador de ajedréz profesional ruso se tratase.

En el año 71′, cuando se estrenó por primera vez la naranja mecánica, tanto la crítica como el público se abalanzaron sobre Stanley Kubrick, lo acusaban de inducción a crímenes de jóvenes que imitaban las fechorías de sus personajes y le echaban la culpa a su película. Cuando sucedió toda esta tragedia y despúes de cartas que amenazaban de muerte a su familia, Kubrick retiró su película de los cines en el Reino Unido. Anthony Burguess dió la cara por él, defendiendo la película a capa y espada. Aún así hay algo que Burguess jamás perdonó a Stanley Kubrick: al final de la novela Alex sufría una metamorfosis. sin embargo, creo que para que su obra perdurase en el tiempo, Stanley prefirió dejar a Alex intacto con ese aire de inmadurez e insana ironía que destila durante toda la obra.

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Olvidando lo anterior, ningún director en la historia del cine ha sabido combinar la música clásica (Beethoven-Symphony No.9, Rossini-William Tell. ) con las imagenes como lo hizo Kubrick y, seguramente, nadie será capaz de hacerlo jamás.

En realidad, esta es la venganza personal de un genio que tuvo la osadía de responder al Estado con la misma moneda, el trabajo de un director que tuvo la valentía e inteligencia de crear una obra adelantada a su tiempo, mostrándonos una verdad pesimista pero cierta que como una profecía se ha ido cumpliendo hasta nuestro días.

SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama.

En la famosa escena del tratamiento de ultra-violencia. En una de las sesiones "terapéuticas", los doctores obligan a Alex a ver ininterrumpidamente imagenes ultraviolentas colocando unos ganchos metálicos en los ojos; en una de esas escenas Malcolm McDowell grita de dolor y es porque el gancho le estaba desgarrando la córnea al actor (en una de los centenares de tomas que Kubrick rodó).

Ah, y fue en esta película en la que el maestro se declaró definitivamente como autorreferencial. (La escena en la tienda de discos, puede verse la carátula de 2001)

/No les parece curioso que la misma violencia que hoy en día podemos ver en nuestros televisores (por ejemplo, un vagabundo quemado con gasolina por un par de chavales) sea la misma que plasmó Kubrick en su naranja/

293 de 323 usuarios han encontrado esta crítica útil

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